
Desde agosto del 2015 más de 700 cabras santandereanas de 120 apriscos situados en el cañón del Chicamocha han sido sometidas a análisis morfológicos, genéticos y genealógicos en búsqueda de las bases científicas que ayuden a que el animal sea reconocido en el exterior como raza pura y autóctona de Colombia.
Expertos de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica) lideran el estudio que entre agosto y septiembre próximos se entregará a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para que el organismo internacional determine si la cabra de esta región es un producto con denominación de origen.
José Orlando Pérez, zootecnista de Corpoica con estudio en maestría de mejoramiento genético, forma parte del grupo que pretende demostrar que, por sus características, la cabra de Santander es única en el mundo y que por su alimentación arbórea y conservación sin ningún tipo de químicos también podría tener certificado de producto orgánico.
En sus primeras conclusiones los investigadores determinaron que la cabra de Santander tiene una inclinación de anca (unión de la cadera con las patas traseras) superior a los 30 grados, que la diferencia de su especie con los otros mamíferos similares que hay en el planeta,
“Esa inclinación le facilita desplazarse en los agrestes terrenos del cañón del Chicamocha donde calculamos existen unos 20.000 ejemplares que se alimentan de plantas arbóreas como trupillo, gallinero, guasabará, tunecabro, orégano y otras aromáticas que le dan ese sabor único a la carne y a las vísceras que son usadas para preparar la famosa pepitoria”, señaló Pérez.
La forma del cuerpo, sus características morfológicas y su adaptación a un medio tan complicado como el cañón del Chicamocha, donde no necesitan vacunas ni antiparasitarios para sobrevivir en condiciones tan adversas, generan en el animal local diversidad genética diferente con respecto a las otras cabras del mundo.
En el estudio, para el que se conformaron tres grupos de análisis en la misma cantidad de zonas en el cañón, se buscan datos genéticos claves para comprender como el animal procedente de España (llegó hace 500 años en el segundo viaje de Cristóbal Colón) se adaptó a un ambiente tan heterogéneo y con microclimas tan variados en el cañón del Chicamocha.
Un clúster se ubico en la provincia de García Rovira, otro en los municipios de Zapatoca, Jordán, Villanueva y Barichara, y el tercer grupo de estudio se encuentra en Aratoca, Cepitá y Curití.“Analizamos la morfología que comprende sus medidas corporales, anatomía y adaptación, el componente genealógico que nos permitirá inscribirlo a un grupo de origen y hacemos un estudio molecular para determinar la distancia genética que existe entre la cabra santandereana y otras razas”, añadió el zootecnista Pérez.
De acuerdo con los resultados preliminares del estudio, el promedio en peso de las cabras adultas oscila entre los 37 y 40 kilos y miden entre 63 y 68 centímetros de altura con la particularidad de que tienen un hocico fino que les permite comer con facilidad espinas y ramas.
También están determinando el grupo de crecimiento de cada edad y se han encontrado con animales longevos de más de diez años produciendo partos y algunos casos esporádicos de hembras que producen hasta tres litros de leche diarias.
Con el liderazgo de Rodrigo Martínez, doctor en mejoramiento genético, y la participación de Diego Bejarano y personal del laboratorio que hacen parte del equipo de genética de Corpoica el estudio, en el que también participa la Universidad Nacional, se encuentra en el proceso de extracción de las muestras de ADN.
Javier Sarmiento, director técnico de la Secretaría de Agricultura de Santander, dijo que el departamento ha invertido 300 millones de pesos en el proyecto que recibirá más recursos para el seguimiento que determinará la trazabilidad, seguimiento y reproducción de la especie.
El capricultor Ernesto Basto, dirigente de la Asociación de Ovinocultores del Páramo de Concepción (Asopacon), dijo que si la FAo reconoce a la cabra santandereana como raza única el animal obtendría su “cédula” para comercializarse mejor pues su resistencia a e enfermedades sin ningún tipo de vacunas y su genética la potenciarían para acceder a otros mercados y poner a comer a habitantes de otros países el apetitoso cabro asado o guisado o la exótica pepitoria.